Memorias


posted by Karen

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Recuerdo mi primer verano trabajando. No haciendo la práctica, sino después de terminar la universidad, aprendiendo las primeras nociones de economía y viviendo la realidad del mundo laboral. Todavía estaba suscrita a la revista Seventeen, aunque ya hace un tiempo que había dejado de ser teen...pero todavía la leía con nostalgia. Con esa nostalgia que se siente cuando uno deja de ir a clases y de juntarse con sus compañeros de todos los días. Ya no hay tareas ni trabajos que entregar, ya no hay almuerzos sentados en el pasto. Es la primera vez que se siente que uno ha crecido, que vive en un mundo adulto, con otras responsabilidades, con un sueldo, con un jefe. De más está decir que la paga era bastante escasa. De alguna forma me las arreglaba para pagar el cable y comprarme algunas cosas. Los CD de la película Romeo y Julieta y el de Vanesa Paradis.
Recuerdo haber estado sentada al borde de la cama durante un fin de semana, mirando la tele y leyendo la Seventeen, que tenía a Alicia Silverstone en la portada. Mi pieza estaba pintada de amarillo. Había leído en esa misma revista que ese color mejoraba el ánimo.
Recuerdo el sol que entraba por las ventanas abiertas y que no quería sentirme mayor, me angustiaba sentir que crecía. Me miraba en el espejo buscando alguna arruga, pensando que mi cara ya no era la de antes, que ya no me veía como estudiante y que no podía engañar a nadie. Debo haber tenido 24 años. Curiosamente, hoy sigo engañando a la gente, que no cree la edad que tengo.
Recuerdo la desazón que me produjo ese primer trabajo, cómo no quería que llegara el día lunes. Quería verano, quería mis vacaciones de tres meses de vuelta. Pero ya no había vuelta.
Hoy todavía me cuesta aceptar donde estoy, lo recorrido, los sueños que van quedando en el camino, inevitablemente. Por falta de tiempo, porque la máquina nos consume, porque estamos cansados. Y es ahí donde me siento mayor y recuerdo esa tarde de verano. Eran otros veranos, con responsabilidades distintas, con una pieza pintada de amarillo y un cubrecamas con mariposas y flores a juego.
Ahora el verano se acerca con nuevos desafíos, con otros planes, con la perspectiva de un futuro que ya tiene cierta forma. Ya no existe ese verano en blanco, cuando todo eran opciones, una gran página en blanco a ser escrita. Cambian las prioridades, va cambiando la vida y uno tiene que ir adaptándose. Y cuesta, siempre cuesta.
Me quedan pocas Seventeen guardadas en el closet. Muchas las boté con el cambio de casa, pero me dejé algunas, para que ese momento siempre esté ahí. Como ahora.

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