Vértigo


posted by Karen

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Dicen que U2 tocaría en Chile el próximo 26 de febrero y ya quiero saber dónde puedo comprar las entradas. Todavía me acuerdo de ese 11 de febrero de 1998. Fui capaz a enfrentarme al terror de mi jefa para poder irme a medio día. En un par de horas, dejé listos reportajes para toda la semana...al llegar al metro, desde la estación Ñuble se podía ver la mitad de la M gigante y amarilla que sobresalía de la escenografía. Y mi ansiedad crecía. El concierto era casi una realidad.
Años de espera...pero valieron la pena. En todo sentido. Hasta las horas previas en el estadio tuvieron su onda especial. Ese día jugaba la selección chilena contra Inglaterra y todos celebrábamos los goles, gracias a varios precavidos que llevaron radio. Chile le ganaba a Inglaterra en su casa. Una verdadera hazaña.
Más tarde veríamos esos goles en la pantalla gigante...los irlandeses vestidos con la camiseta de la “roja” y de fondo Marcelo Salas, corriendo por el pasto de Wembley. Eufórico. A esas alturas, dolía la garganta de tanto gritar.
El concierto empezó cuando en la pantalla apreció la palabra POP. Enorme, dando vueltas mientras mi corazón saltaba...pop pop pop music....Y Bono...ahh. Sólo él merece suspiros aparte. Sólo a él uno le puede decir “ídolo” con todas las letras. Por su música, por su carisma, porque pocos artistas pueden decir que fueron nominados a un Nobel de la Paz o que han logrado que se reduzca la deuda de los países más pobres (sin contar a Bob Geldof).
La verdad es que no recuerdo todos los detalles del concierto. Recuerdo las emociones, cómo la música golpea los oídos y se siente dentro del cuerpo...y me emociono con esos recuerdos. Porque, en cierto modo, fue un deseo cumplido. Cuando estaba en el colegio, cada año juntaba plata en un sobre que decía “recital de U2”, esperando que ese año si vinieran a Chile. Finalmente, me gastaba la plata en otra cosa. En 1998 y sin tener ahorros, pude verlos en su tour Pop Mart. Poco después, ese mismo verano, fui a escuchar a Oasis en San Carlos de Apoquindo. Y este 2006, parece que repetiré la misma rutina...feliz, porque haberlos visto una vez fue un sueño hecho realidad. Dos veces, ya es un privilegio.

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