¿Y dónde está mi espíritu?

No quiero perder el espíritu navideño, pero a medida que pasan los años es inevitable. Comprar regalos pasa a ser un trámite, igual que armar el árbol. Cuando chica, armaba el pinito de mi casa y el de mi abuelita...ahora, tengo el mío. Y este año, lo armé con Chris.
Entre tanto trabajo, planear el 2006, armar presupuestos, negociar contratos, cerrar el año (prueba de ello es que tengo este blog medio abandonado, perdón por el alejamiento), necesito una dosis de Navidol o algo que me levante el espíritu y me ayude a llegar a enero. Porque esta semana ha sido bastante negra y estoy empezando a parecerme al Grinch.
Trato de pensar en los adornos de navidad. En la corona de pompones rojos que mi mamá cuelga en la puerta desde que tengo memoria. Del pollo relleno que siempre prepara en esta época, sólo porque a mí me encanta. De las galletas de avena que hacíamos juntas. Bueno, ella las preparaba y yo me comía la masa cruda. De cómo todos los años se me rompía algún adorno de mi abuelita, hasta que la última vez barrí bien los pedazos, los metí a la basura escondidos en toalla nova y nadie se dio cuenta.
Hay tantos recuerdos y ahora, que tengo mi casa y mi árbol y horneo mis propias galletas, empiezo a guardar otros recuerdos. Nuevos. Más míos. Abrir las cajas con adornos y sorprenderse encontrando algunos que no estaban en la memoria. Enredarse poniendo las luces...de arriba para abajo, de abajo para arriba, para que el enchufe quede a la altura. Comprar un adorno nuevo cada año, sigue siendo una tradición.
Y tengo que seguir recordando, si no quiero que el Fantasma de la Navidad Presente me visite y me haga ver lo amargada que me he puesto este año.
Hace unos días miraba mi árbol iluminado, miraba los adornos y pensaba que tal vez mis futuros hijos van a poder disfrutar de ellos también...eso es algo que eleva mi espíritu. La idea de una familia. Pensar que hornearemos galletas y abriremos regalos... juntos. Eso es algo que logra derritir mi corazón y se lleva lejos al Grinch que quiere robar mi Navidad.

Comments

Pamela said…
Para mí esta Navidad también ha sido bastante rara, estando en otro país, casada, en invierno, sin las clásicas propagandas en la tele, ni pan de pascua, ni cola de mono. Lo único que me ha conectado con las navidades de allá ha sido la programación especial de la tele con películas tradicionales como: A Christmas Carol (con el temible Mr. Scrooge), Rudolph (ese antiguo hecho de género que se le prendía la nariz), The Little Drummer Boy y el especial de Navidad de Charlie Brown donde todos terminan bailando. Todas ellas me han hecho recordar la Navidad de la niñez, donde el olor a pino y a juguete nuevo eran lo mejor!!!! Parece que nunca más se va a sentir la Navidad con esa intensidad... pero es verdad, queda la esperanza de que a través de nuestros propios hijos podamos volver a sentirlo.
FELIZ NAVIDAD KAREN!!!
Ceci said…
Amiga!

El Viejito pasó a verme en Canadá y me pidió que te entregara un amuleto especial, el "Espanta Fantasma de la Navidad Presente"

El viernes te lo entrego sin falta...
En medio de tanto alboroto es dificil sumirse en el verdadero espíritu navideno. Lo mejor parece ser darse un par de minutos en la noche, apagar las luces y sentarse a contemplar el árbol de navidad y dejarse llevar por las imagenes y los recuerdos. Un gran abrazo. René

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